I
Sueño
No sé como llegue aquí, ni cuándo, simplemente al abrir los ojos aparece aquí, tendida en el húmedo césped. Todo está obscuro, apenas y se distingue la tenue luz de luna. ¿Qué demonios hago en el bosque? … no lo entiendo y menos estando ya tan negra la noche, deben de ser más de las doce. Me levante y comencé a caminar, conforme avanzo, la luna empieza a iluminarme un poco más. Llegue al borde del pequeño rio, se veía de maravilla con el agua completamente obscura, iluminada solamente por la tenue luz de la perfecta Luna y el reflejo de la misma en el agua. Había una hermosa Luna llena, la cual reinaba la obscura y cruda noche. Me acerque al borde del pequeño rio y me senté. La Luna se veía realmente maravillosa, siempre había sentido una atracción por ella, podría decirse que me identificaba en muchos sentidos con ella. Ambas estábamos rodeadas de estrellas y aun así nos sentíamos solas, o bueno, en mi caso, así era. Pensaba en la Luna como una de las cosas más bellas de este planeta, si no es que la más hermosa, el verla…me transmitía tantas cosas, dicha, esperanza, animo, melancolía… me quede mirándola fijamente y mis ojos se llenaron de inesperadas y abundantes lagrimas, las cuales no tenían porque estar saliendo, de nuevo…El viento soplo levemente, quebrando la perfecta paz que había en el lugar y logrando distraerme de mi absurda y repentina agonía.
-Lynella.
Apenas y fue un susurro, tan débil como el viento, pero no había duda de que era mi nombre.
-Lynella.
Esta vez, fue más claro. La voz me era casi familiar, pero no tenía idea de donde la había escuchado. Me puse de pie enseguida.
-Lynella…Lynella…Lynella.
¿Qué rayos…? La voz es profunda y muy atractiva debo admitir. Se escucha con un profundo eco, cada que termina de pronunciar mi nombre, comienza de nuevo.
-¡¿Quién eres?!
Lo grite tres veces y no recibí respuesta alguna. Cerré los ojos para calmarme un poco.
-Lynella.
Ya no era un eco, ni un suspiro, no. Podía sentir el roce de su aliento en mi nuca cuando pronuncio mi nombre. Me gire para mirarlo. No podía verle el rostro, solo su boca, estaba sonriendo. Era alto -unos cuantos centímetros más que yo- tenía el cabello de un extraño color, entre un negro penetrante y un castaño obscuro, lo tenía largo y ondulado, le llegaba un poco más debajo de la barbilla. Su sonrisa se amplio.
-Lynella.
Desapareció.
Mi reacción fue ridícula, me asuste. No por el hecho de que un extraño que, aparentemente me conocía estuviera siguiéndome y apareciendo y desapareciendo de la nada, sino porque ya no estaba frente a mí. Quería verlo otra vez y no sabía porque.
-Lynella…
¿Qué? La voz era diferente, de una mujer. La escuchaba mucho más fuerte.
-Lynn… -espero y suspiro con una notable impaciencia- ¡Lynella!, anda, despierta ya, Anna esta al teléfono.
¿Despierta? Que demo…
Sentí una leve sacudida por los hombros y abrí los ojos de golpe. Frente a mi estaba Charlotte, mi madre, con el teléfono en la mano. Carajo…estaba soñando.
-¿Qué pasa mamá? -estaba muy aturdida, apenas era entendible lo que pronunciaba- ¿Por qué me despiertas?
-Ay Lynn… -suspiro- llevo un buen rato llamándote, Anna te llama.
Me entrego el teléfono y salió de mi habitación.
-Diga.
-¿Te desperté verdad? -pregunto, nada avergonzada por supuesto- Lo siento.
-Descuida -bostece- ¿Qué pasa?
-Bueno, ¿tienes planes para esta noche?
-Hum, en realidad no, ¿Tu si?
-Así es y ahora, también tu.
-Hm, de acuerdo, ¿Qué haremos?
-Lo sabrás en la noche, descuida, te encantara -soltó una risita- pasare por ti a las ocho treinta, ¿está bien?
-Claro.
-Bien, ¡hasta entonces!
-Cuídate Anna.
-También tu, te quiero.
-Yo a ti, adiós.
Volvió a reír y colgó. Era casi imposible estar de mal humor con Anna cerca, esa era una de las razones por la cual la quería tanto. Era el tipo de persona que siempre estaba de buen humor, a pesar de la situación, siempre encontraba el lado positivo del asunto y si no existía, lo inventaba. Era como estar con una niña, siempre feliz. Éramos muy distintas en varios sentidos. Toda la vida he sido reservada, sensible y realista. Solo me abría completamente ante Leo y Anna, eran quienes me conocían completamente. Cuando estaba con ellos, hablaba y reía mucho, una simplona. Y a la vez, tenía una sensibilidad asquerosa. He odiado muchas veces esta sensibilidad, la considero mi mayor defecto, al contrario de lo que la mayoría dice.
Deje el teléfono sobre la mesa de noche, mire el reloj. Hum…eran las once y media. Me levante con una desgana increíble, fue al baño para lavarme la cara y los dientes. También cepille mi cabello, era un desastre. Al salir del baño, me dirigí escaleras abajo, para desayunar algo, a pesar del poco apetito que tenía en ese momento. Tome una manzana del frutero y me senté en comedor. Mordisqueaba la roja manzana mientras veía como mis padres iban de un lado a otro, alegano lo tarde que era y la poca consideración del otro. Era ridículo que siguieran juntos, ya no había nada que salvar. Charlotte y Alec -mi padre- habían dejado de llevarse bien desde hace unos cuatro o cinco meses. Si se hablaban era para discutir por cualquier tontería, si no era así, ignoraban la existencia del otro. Al principio me dolía muchísimo verlos sufrir a ambos, hace mucho que ya no lloraba por sus peleas, aunque claro, eran peleas mucho más leves, las primeras eran espantosas, ya casi no dolía tanto, me había prometido no dejar que me afectara más. Peleaban tan frecuentemente que ya me había acostumbrado y siempre era por alguna estupidez, incluso varias veces yo misma les sugería que se dejaran de niñerías y firmaran el divorcio de una buena vez. Por fin ambos se callan y ahora comienzan a quejarse para sí, argumentando que solo pierden el tiempo, etc., etc. Ambos se dirigen a la puerta de entrada y clavan su mirada en mí, la de Alec, frustrada y dolida y la de Charlotte, molesta y sentida. Mi padre rompió el silencio.
-¡Adiós Lynn! Te veré en la noche -me sonrió- Cuídate, te quiero.
-También yo, cuídate -le devolví la sonrisa, lo más natural posible.
Rodeo a mi madre para poder salir, le dedico una leve sonrisa y salió. Al poco tiempo, se escucho el motor de su auto se había ido. Mi madre suspiro, no se si aliviada o dolida. Me miro y me sonrió.
-Cuídate Lynn, te quiero.
-Cuídate también, te quiero.
Volvió a sonreírme y salió. No era nada nuevo que estuviera sola, al principio me incomodaba, pero termine por hacerme amiga de mi soledad, ahora disfrutaba mucho tener tiempo solamente para mi y mi mente, aunque…claro, había excepciones, había veces en las que me sentía enserio…perdida, sí, esa es la palabra, perdida y completamente vacía. Al terminarme la manzana tire lo que había quedado y me puse a recoger los platos que ya estaban limpios. Cuando termine subí a mi habitación, hice mi cama y me fui a la ducha. Mientras me bañaba, el chico de mi sueño ocupo mi mente, no era la primera vez que soñaba con el, siempre era en lugares diferentes, nunca en el bosque o en el cementerio, además fue la primera vez que llegue a creer que en verdad estaba ahí, con él. Lo había sentido tan real, tan vivo, recordaba su voz a la perfección. Su voz… ¿Por qué me era tan familiar? ¿Por qué no lograba identificarla? Hfm… le estaba dando demasiada importancia, era simplemente un sueño…un sueño el cual parecía haberme traumado. Bueno, no era la primera vez que me traumaba con algo, en realidad, era algo obsesiva, además… ¡Demonios! Se termino el agua caliente…pf, por suerte ya me había lavado el cabello, solo tenía un poco de jabón en el cuerpo. Al salir, me envolví en una toalla y fui a mi habitación. Tome del armario unos jeans azules, un poco deslavados y una blusa de tirantes negra. Me seque el cabello con la secadora, para así evitar que se esponjara, después lo planché un poco para que no se enchinara. Tome el delineador negro y tracé una delgada línea por el contorno de mi ojo, lo hacia por costumbre, siempre me delineaba los ojos y además, así me vería un poco más decente. Mire de reojo el reloj, apenas la una con diez, tenía bastante tiempo antes de que Anna llegara, hm bueno, mataría el rato con algún libro, con música o aun mejor, con ambos. Tome mi ipod de la mesita de noche y lo conecte a sus bocinas, no tenía ganas de escuchar nada fuerte, ruidoso o rápido ahora, así que puse Apocalyptica, pese a que también son metal, sus cellos le dan un toque increíblemente relajante, puse “Romance”, una de mis favoritas. Tome del armario mi volumen de “Cumbres Borrascosas”, ya lo había leído más de una vez, lo volvía a hacer por placer solamente, este libro me gustaba de verdad, era tan trágico, romántico, tan lleno de pasión y odio, con una buena dosis de venganza, era simplemente un libro perfecto para mi. Acomode las almohadas de forma en que pudiese estar lo más erecta posible, me acosté y comencé a leer, perdiéndome en el Londres de 1801 y en la delicada y relajante música.
En el momento en que Francés muere al dar a luz, sonó el teléfono. Tome un pedazo de papel y lo puse en la hoja en al que me quede. Me estire un poco y luego alargue el brazo hasta la mesita de noche y me lleve el teléfono al oído.
-Diga.
-Hola, Lynn.
-¡Leo, Hola! ¿Cómo estás?
-Bien gracias, ¿tu?
-También, ¿Qué pasa?
-¿Qué tienes planeado para hoy?
-Hm en realidad no lo sé, Anna me llamo en la mañana, me invito a no sé donde, pasara por aquí a las ocho y media, ¿quieres venir?
-¡Claro! ¿Podría llegar a tu casa como en dos horas? Así no tienen que esperarme ni nada.
-Por supuesto que puedes, lo sabes.
-Bien, gracias. Nos veremos entonces.
-Está bien, ¡adiós Leo!
-Cuídate Lynn, te quiero.
-También yo, cuídate.
Colgó. Comencé a marcar otro número.
-¿Si?
-Hola Anna, soy Lynella.
-Oh, Hola Lynn, ¿Qué pasa?
-Nada, acabo de hablar con Leo y lo invite esta noche, no importa, ¿cierto?
-¡Claro que no! De hecho, iba a llamarlo cuando llamaste tu.
-Oh, de acuerdo, bueno, estará en mi casa para cuando llegues.
-Ok, cuídate, ¡Nos vemos!
-También tu, adiós.
Al colgar, dirigí la mirada hacia el reloj, hmf, apenas las tres y media, aun me quedaba bastante tiempo, pero ya no tenía ganas de leer… mejor dormiría un poco así compensaría mi nulo descansó de anoche. Volví a tumbarme en la cama y nuevamente tome mi ipod, me fui a las listas de reproducción y puse la que tenia las canciones que me relajaban, pulse play y comenzó “Memory” de Epica, tan pronto empezó a cantar, cerré los ojos y me perdí en el sonido del piano, en su voz y en la obscuridad que me invadió tan pronto cerré los ojos, intentando olvidarme de todo y poder descansar.
Parecía que apenas y habían pasado unos segundos cuando volví a abrir los ojos, gracias al sonido del timbre. Fui escaleras abajo para abrir la puerta, el timbre no dejaba de sonar, comenzaba a dolerme la cabeza. Abrí la puerta casi arrancándola -literalmente, claro- era Leo. ¿Qué no había dicho dos horas?
-¡Hola! -le sonreí ampliamente- pasa.
-Gracias -dijo secamente mientras atravesaba la puerta- Em… ¿estabas dormida verdad?
-Si… ¿porque?
-Pues…llevo casi una hora afuera esperando.
-¿Enserio? -enrojecí- ¿Qué hora es?
-Seis cuarenta.
-¡Ay, Leo!... Lo siento muchísimo, me quede dormida, no pensé que por tanto…
Empezó a reír.
-Oh vamos, descuida, soy igual…o incluso peor. Además, me imagine que lo estarías, así que fui por algo de comer y luego volví a esperarte otra hora -fruncí el ceño, al verme, volvió a reír- Tranquila, no pasa nada. -me paso un brazo por el hombro- ¿Alguna idea de que es lo que vamos a hacer por la noche?
-Ni una sola, Anna no quiso decirme nada.
-Típico en ella -rio por lo bajo, al parecer, venia de muy buen humor. Miro su reloj- Hum, aun nos quedan casi dos horas antes de que llegue, ¿Qué te gustaría hacer?
-Pues, ya leí y dormí…hum… ¡Ya se!, ayer por la noche, miraba un concierto, ¿quieres verlo? Lo tengo en DVD…
-Claro, ¿de quién es?
-Nightwish, End of an Era.
-¡Perfecto!, ve por el, encenderé el televisor y el Dvd
Quito su brazo de mis hombros y se dirigió hacia la sala mientras, yo subía las escaleras. Camine con tranquilidad hacia mi habitación y lo tome del armario, luego regrese con
él. Puse el disco en el reproductor y oprimí play para que comenzara, acto seguido me fui a sentar en el sofá junto a Leo. Solo preste atención a las primeras dos canciones, después, un montón de cosas empezaron a ocupar mi mente, desconectándome de mi cuerpo. Lo que más ocupaba mi mente, era mi sueño de anoche, aun podía oír su voz en mi oído, también podía visualizarlo a la perfección o bueno, lo que pude ver en el sueño, se quedo en mi mente buena parte del repertorio. Logre volver a concentrarme en la pantalla cuando comenzaron a tocas “Over the hills and Far Away”. Leo no hablaba, estaba totalmente concentrado en la pantalla, en la música y en sus perfectas letras, menos no se podía esperar, era un grupo excelente. Decidí perderme con el en lo que restaba del concierto, no fue tan difícil, me fascinaban sus canciones. Justo cuando terminaron de tocar “Wish I had an Angel”, sonó el timbre nuevamente. Me levante para abrir, mientras que Leo apagaba todo. Abrí la puerta y ahí estaba Anna. Era difícil que no te agradara, su aspecto era…era encantador. Era un poco más baja que yo, tenía el cabello largo y ondulado, de un negro intenso, que contrastaba increíblemente con su piel clara y pálida. Sus ojos eran pequeños, de un color como chocolate amargo, siempre tenían una chispa de alegría.
-¿Listos? -preguntó, con una sonrisa en el rostro.
-Si -le devolví la sonrisa- vamos Leo.
-¡Hola, Anna! -dijo mientras me rodeaba para salir y saludarla- Emm... Anna, ¿a dónde nos
piensas llevar?
Ella soltó una risita.
-Iremos a encontrarnos con un amigo mío y amigos de el.
-¿En dónde? -pregunte mientras cerraba la puerta- ¿lo conocemos?
-Hm, tal vez de vista, se llama Demián. Lo veremos en el cementerio.
-Valla…el cementerio… -suspire- llevo tiempo sin ir.
-Sí, también yo- dijo Leo.
-¡Genial! -su sonrisa se amplió aun más- ¡será mucho mejor entonces, vamos!
domingo, 28 de junio de 2009
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